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Discapacidad visual y microemprendimientos

En medio de la oscuridad prendió la idea. Y, con ella, las fuerzas para crecer en medio de las dificultades. Fue así como en 2007, Analía Fiore, una persona con discapacidad visual, dejó a un lado su profesión de psicóloga para transformarse en escritora de cuentos infantiles. Atrás quedó la discapacidad, hoy sólo se concentra en sus potencialidades. Esa herramienta con la que desanda el arduo camino del emprendimiento.

Aunque “más que un microemprendimiento, para mí significa un proyecto personal”, afirma Analía. Así, perder la visión le imposibilitó el deseo de interactuar con los niños a través de su profesión. Entonces los hechos la condujeron a especializarse en clínica para adultos. Sin embargo, fue la escritura el instrumento que le permitió desarrollar nuevamente sus aspiraciones cuando se convirtió en creadora de cuentos infantiles.

Un dinero particular, destinado a cumplir sus sueños, posibilitó la primera edición de su proyecto individual en diciembre de 2007. Un año más tarde, la psicóloga de 33 años decidió ampliar sus conocimientos. Para ello, ingresó al proyecto de Apoyo para Emprendedores desarrollado por la Fundación Par. Su idea inicial para la segunda edición de los libros era poder extender el emprendimiento y alcanzar a publicar tanto en tipografía común como en lenguaje braille; para lograr, de ese modo, un espacio de comunicación entre niños videntes y no videntes. No obstante, el tiempo y las posibilidades reales la enrumbaron hacia otro horizonte. Ahora el proyecto, publicado sólo en tinta, dirige su objetivo hacia la interrelación entre padres e hijos.

Todo emprendimiento, por más proyecto personal que sea, supone la ayuda de diferentes personas para poder llevarlo a cabo y sostenerlo en el tiempo. Y Analía lo está logrando. Dado que fue una de las cinco ganadoras del VI Concurso de Microemprendimientos de Fundación Par, llevado a cabo el pasado diciembre, recibió el apoyo económico necesario a través de créditos otorgados por Citibank. En su momento, “recibí el dinero para llevar adelante el proyecto; incluso, con condiciones inmejorables tales como el pago en dos años, cuotas mínimas de pago y seis meses de gracia”, señala la novel escriba.
Este nuevo proyecto le permitió insertarse en la sociedad en condición de par; además de cumplir sus deseos de trabajar para chicos y hacerlo a través de la escritura. A días de la presentación de la segunda edición de sus cuentos, la autora reflexiona sobre el camino transitado: “Ser emprendedor no sólo significa soñar con hacer, sino evaluar de qué herramientas se dispone, considerando las capacidades pero también las propias limitaciones”.




Autor: Eleana Benítez

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