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Duelo en la Ancianidad

Es indudable que existe en la ancianidad una pérdida, que va desde el cuerpo de la juventud hasta la desaparición de personas amadas. Al estar sumergidos en esta pérdida resulta muy difícil relacionarse con otra cosa que no sea ese dolor o esta angustia ocasionada por el duelo. Y este punto es fácilmente observable en personas de edad donde por ejemplo relatan repetitivamente episodios o experiencias pasadas que ya no son posibles (hay una relación patológica con algo que ya no está o algo que no puede ser). En este contexto el presente no parece tener un registro tangible donde poder programar o proyectar cosas.
Al no tener implicancia con las cosas presentes o futuras todas las ofertas de nuevas experiencias son desestimadas por el anciano. No ocurre lo mismo con ese pasado perdido en donde ellos y la pérdida/la pérdida y ellos funcionan como un par indisoluble ubicándolos egocéntricamente en un círculo vicioso.
Un riesgo dentro de lo que llamamos patológico es la posición melancólica en donde directamente el sujeto pasa a quedar en lugar de lo perdido y puede confundirse con un estado depresivo intenso. Si bien este tema merece un apartado especial, es interesante relacionarlo con el duelo en el punto que hay ciertos duelos que son considerados normales y llevan un tiempo y ciertas “etapas” que atravesar.
En personas con lazos sociales fuertes y una estructura yoica lo suficientemente desarrollada y madura como para soportar las pérdidas, la vejez es un duelo más, que no por ser normal deja de ser doloroso y en otras cuyos recursos son más endebles, puede correrse el riesgo descrito anteriormente.
Como decíamos, el duelo implica dolor,, y está relacionado con una falta, algo que antes estaba deja de pertenecer al campo de lo propio. La cuestión es qué se hace con esa falta...
En algunos casos se la tapona y se la niega, por ejemplo tratando de que el paso del tiempo “no se note” u ocupando otros roles que tiene mas que ver con otros grupos etáreos.
Dentro de “lo saludable” se espera que la persona atraviese cierto duelo en relación a su cuerpo, a las actividades físicas e intelectuales que desarrollaban en otros tiempos y que pueda encontrar otros intereses relacionados con su edad.
Por otro lado es cierto que la elevada expectativa de vida de la actualidad y los avances en relación a mejorar la calidad de vida tanto física como mental, han proporcionado diferentes modos de vivir la ancianidad agiornada a los tiempos que corren y es importante remarcar que no hay “un modo” de vivirla ni “ciertas actividades para los viejos”, sino que de lo que se trata es de poder mirar el pasado y aunque con algo de nostalgia, pueda la persona reconocerse y proyectarse tanto al futuro como al presente.
Recordar, aprender y por qué no soñar, tres verbos que acompañan tres tiempos: pasado, presente y futuro...
Desde el tratamiento psicoanalítico apostamos a que estos tiempos son posibles de congeniar para que sobre todo el presente pueda ser vivido con plenitud.
Los límites existen, pero es posible hacer algo dentro de esas fronteras...

Autores:
lic. Analía Laura Fiore
lic. Natalia Fernández

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