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Aborígenes instan a trabajar con espíritu y corazón

Iktomi Sha Jefe Lakota


Iktomi Sha, el abuelo jefe Lakota, se fumó la “pipa sagrada” con sus "hermanos" indígenas latinoamericanos, en la laguna de La Cocha, donde lanzaron un manifiesto para que el mundo trabaje con espíritu y corazón.


Su mujer, "la abuela" Tunka Hota Winyan, entre tanto entonaba, como en un susurro, una dulce melodía y danzaba suavemente, mientras los distintos delegados de decenas de comunidades aborígenes recibían la pipa, aspiraban y soltaban un humo blanco que se elevaba y desaparecía.


La ceremonia transcurría apaciblemente en un recinto cerrado y especial, al anochecer y al borde de la Laguna de La Cocha, un mar dulce en un paraje idílico, enclavado en las montañas andinas del departamento de Nariño, suroeste de Colombia, a más de 2.800 metros de altura sobre el nivel del mar.


La invitación a compartir la pipa con los indígenas andinos por parte de los estadounidenses, sirvió, además para refrendar un "hermanamiento", como anticipo a la promulgación de un "manifiesto de todos los hijos de la tierra", los aborígenes a sus gobiernos.


Solo un puñado de los casi mil indígenas de unas sesenta Etnias andinas y de algunos países latinoamericanos invitados y que llegaron a la ciudad de Pasto, capital de Nariño, participaron en la singular y emotiva ceremonia y en la redacción del documento. Fueron los abuelos, los más viejos, "los sabedores", los privilegiados con la pipa, quienes redactaron el "manifiesto".


Encuentro de Culturas Andinas


Pero los mismos presentes en la ceremonia también participaron desde días antes en decenas de rituales de sanación, curación y purificación, bien al aire libre o en distintas malokas (casas comunitarias de los indígenas amazónicos).


No solo Pasto, sino sus alrededores, como las orillas de la Laguna de la Cocha, las localidades vecinas como Potosí, El Encano o Chachagüí, fueron escenario y sede del Primer Encuentro Internacional de Culturas Andinas.


El "Tiksi Muyu" o Círculo Sagrado en la Casa Taminango (Pasto), el "Kajanshi Thessy" o Casa del Tigre y la Boa en la pequeña localidad de Mocondino, o en Cruz del Sur en El Encano y "Nabi Nunhue" o Casa del Jaguar, en Chachagüí, fueron los sitios en los que se concentraron los aborígenes para sus ritos.


A la cita asistieron representantes de distintas Etnias de siete países de la región, más los invitados de comunidades de Estados Unidos, Guatemala y México.
En las calles y parques de Pasto, al menos tres desfiles multicolores de los aborígenes con sus instrumentos, cantos y vestimentas típicas y habituales, engalanaron la ciudad en los días del encuentro.


Medicina tradicional


En otros espacios, los "chamanes" (médicos) atendían a decenas de "pacientes" que se agolpaban a la espera de que sus "espíritus malos" fueran expulsados para siempre.
Este apartado del encuentro indígena fue llamado "Salud del Deseo y Deseo de Salud: Saberes y formas chamánicas de oración, mercados de plantas y remedios naturales".


Los pacientes, sentados al aire libre, con expresión seria y sin angustia, observaban de reojo a otras decenas de personas a pocos pasos, quienes los miraban intrigados.


Los chamanes, ataviados algunos con túnicas o ruanas a rayas blancas, negras, azules y rojas, con guirnaldas o cuentas de piedras multicolores y algunas plumas, al ritmo de una danza sin compás daban vueltas sobre la silla de los pacientes y por momentos balbuceaban palabras ininteligibles.


De un recipiente como un cascarón de coco o un saco de piel untaban una de sus manos con una sustancia aceitosa con la que, a su vez, embadurnaban la cara, el cuello, parte del pecho, brazos y manos de quien requirió de sus servicios.


Ahora los médicos beben de una botella parecida a una de Coca-cola, un líquido como el de esa gaseosa. De manera sorpresiva expulsan con toda la fuerza de sus pulmones la bocanada que, como si se tratara de un aerosol, pega de pleno en la cara, el cuello y el pecho del paciente, salpicando incluso a los asistentes más próximos.


Chamanes


Los lakotas norteamericanos, por su parte, acuden al agua, al fuego, a las piedras, al aire y a la tierra para invocar la curación en medio de cánticos.


Pero más allá de esas escenas pintorescas, los "chamanes", además de compartir las ceremonias, ofrecieron conferencias y charlas en espacios académicos, y orientaron "sobre los conocimientos básicos de la medicina tradicional", señaló Juan Martín Jamioi, coordinador del encuentro de esos médicos.


Jamioi añadió que se quiso "desterrar" la creencia de que esos curadores son "curanderos", "brujos" o "charlatanes", y subrayó que sus saberes fueron transmitidos de generación en generación desde hace milenios, y que sus bases se derivan de su conocimiento de la naturaleza y de su oferta de plantas y otras sustancias medicinales.


El encuentro de medicina tradicional estuvo acompañado por una muestra y venta de remedios (hierbas y minerales) en un mercado al aire libre, en la llamada Casona Taminango de Pasto.

 

El rito del Yagé


Un silencio de camposanto en la madrugada y una oscuridad total rodeaban a una treintena de personas en una de las malokas durante una de las ceremonias "de la hermandad y la purificación cósmica".


Los requisitos para el ingreso fueron precisamente la capacidad de resistir a oscuras, sentado en la tierra sin estirar las piernas, y no hablar durante más de 150 minutos.


Ese silencio solo era cortado con algunos cánticos, por fortuna no de lamentos, y que, al decir de algunos de los participantes, "tranquilizaban el alma".


En otra maloka, a una treintena de kilómetros, otro grupo de personas participaba en un ritual de "yagé", en la que se bebe el extracto de una liana amazónica, utilizada por los indígenas de esa región, con poderes psicotrópicos pero también curativos.


Iktomi Sha también ofreció el "Lowampi-Lakpta" o la Danza de los espíritus de los Sioux, junto a su mujer, "la abuela lakota", como fue reconocida a lo largo de los días.


Otros "taitas" (jefes espirituales), como los bolivianos Álvaro Quispe (aymará) y Marcelo Zaiduni (kallawaya), o el cofán colombiano Kerubín Queta, encabezaron igualmente ceremonias especiales.


Pero fueron los delegados más viejos ("abuelos y abuelas"), así como "mamos" y "mamas" (jefes espirituales) y "chamanes", quienes recordaron en el "manifiesto" que han sido "responsables y guardianes de la memoria de la humanidad".


Manifiesto


Los viejos entregaron la primera copia del documento al gobernador Navaro Wolff, aunque el manifiesto invita "al resto de gobiernos del mundo a seguir el ejemplo, dialogar y construir con nosotros un futuro común", y convocaron a "la unión de los pueblos originarios y de éstos con los demás pueblos acogidos por nuestra única madre, la Madre Tierra".


Los delegados indígenas expresaron también en el texto su compromiso para trabajar y promover desde su "fuerza espiritual y cultural para que los gobernantes de la tierra trabajen más con el espíritu y con el corazón", y a quienes instaron a que "respeten más la naturaleza y se conviertan en preservadores de la vida".


Asimismo, consideraron que "es necesario se les reconozca como autoridades" de sus territorios y que "se les consulten todas las decisiones" que afectan sus vidas.


El manifiesto fue firmado, entre otros, por delegados de las Etnias colombianas Kogi, Wiwa, arhuaca, Inga, Camentsá, Siona, Huitoto, Kofán, Piapoco y Wayú, y de las guatemaltecas maya y Quiché.


También lo suscribieron miembros de la comunidad india estadounidense Lakota, la chilena Mapuche, la boliviana Kallawaya, la guatemalteca Maya Mam, la peruana Quechua inca, y delegados de comunidades mexicanas.


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